martes, 20 de octubre de 2009

La nobleza.





Decía Luis Vives: "La verdadera y sólida nobleza nace de la virtud. Necedad es gloriarte de un padre noble, si tú eres vil y mancillas con tu torpeza la hermosura de aquel linaje".
En su obra Le marquise de Lourore, dice Edmond About: "Un hijo de casa noble abofeteará al insolente que ponga en duda la virtud de su madre; sin embargo, él mismo no oculta que su abuela tuvo ciertos devaneos; y, en cuanto a su tatarabuela, si por ventura obtuvo favores de Luis XV su vanagloria es grande. De este modo, la vergüenza de los nuestros, a medida que se aleja de nosotros, se convierte en gloria." Un grande de España se dirigió un día al general Weyler, que acababa de ser elevado a la grandeza, y le tuteó: -¿Quién le ha dado permiso para tutearme?- le dijo el general. -Es costumbre entre nosotros los grandes-dijo el otro. -Pues sepa usted, mozuelo, que mi grandeza empieza en mi. A la muerte del gran hereje Lutero en 1546, los protestantes manifestaron frecuentemente su rebeldía contra la Iglesia. Carlos I de España, de acuerdo con el Papa y con su hermano Fernando, a quien había cedido los dominios hereditarios de Alemania, resolvió hacerles la guerra. El 24 de abril de 1547, obtuvo el emperador la victoria de Mühlberg; en ella hizo prisionero al príncipe elector de Sajonia, cuya vida ofreció a su esposa a cambio de la ciudad de Wittemberg, en cuya catedral o iglesia del castillo había clavado, años antes, Lutero sus célebres 95 tesis. En la propia iglesia estaba enterrado Martín Lutero, y el duque de Alba propuso a Carlos I que desenterrase el cadáver, lo quemase y aventase las cenizas, a lo que el emperador respondió: -Dejémosle reposar: ya ha encontrado a su juez. Yo hago la guerra a los vivos y no a los muertos. Cuando el barcelonés Pedro Maristany fue nombrado conde de Lavern, un amigo le dijo: -No sé, te encuentro un poco pachucho, ¿qué te pasa? -Debe ser el cambio de sangre-respondió Maristany. Del mismo se cuenta que encargó a su criada que, a todos los que iban a felicitarle por el título, contestase: -El señor no está en casa. Ha salido a probarse la armadura. Un día, Napoleón, con cierta ironía e incredulidad le preguntó al príncipe Massimo, italiano célebre por su extensa genealogía: -¿Es verdad, príncipe, que creéis descender de Fabio Máximo Cunctator? -No lo sé, sire. Lo único que puedo deciros es que es un rumor que desde hace 2.000 años corre por nuestra familia. Carlos Fisas

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