domingo, 11 de octubre de 2009

España no ocupó América, se ocubaba de América

ANZOÁTEGUI, DIVINA INTOLERANCIA

Estudiando la obra de Anzoátegui. Sí, estudiándola, porque en él hay miga. Este escritor argentino se ha convertido recientemente en un hallazgo que nos procura satisfacciones intelectuales sin cuento. Estamos gozando mientras lo leemos.

Ignacio Braulio Anzoátegui era, como buen argentino, "español americano" ("nosotros, españoles americanos, los clásicos de la soledad" -llegó a escribir).

Por eso sería que no se recataba a la hora de escribir, tenía el verbo ágil y relampagueante, y no dejaba títere con cabeza.

Para este patriota español y argentino, estaba más que claro: "América no se perdió porque sí, ni por el cuento de la mayoría de edad, ni por el otro cuento de que los españoles peninsulares eran unos "tigres sedientos de sangre". Se perdió por la traición; justamente cuando el gerente metropolitano culminó, con la expulsión de los jesuitas, la traición al pacto firmado entre Dios y la Conquista".

Da gusto leer a españoles americanos como Anzoátegui. A diferencia de los americanos renegados que se "sienten" indígenas (siendo en todo caso, mestizos), estos "españoles americanos" no sienten como españoles: no... Es que son españoles, y con seguridad digo que son más españoles que muchos que en la península han nacido, o muchos que gocen de un papelajo en que cualquier cuevachuelista haya dado carta de nacionalidad. La diferencia entre el "sentirse algo" y el "ser algo" es algo, valga la redundancia, digno de pensarse: pues, por ende, o se es... O no se es.

"España no ocupaba América, sino que se ocupaba de América. Y eso era lo que no podían entender los pisaverdes de la Corte, los calzonudos, los maricones de la administración española de aquellos días plenos de miseria moral y de grandilocuencia mental" (El subrayado es nuestro: atiéndase a la claridad y contundencia con las que Anzoátegui describe nuestro Imperio; el suyo también).

Anzoátegui era católico, católico como muy pocos lo seguimos siendo: " -escribe-, La Iglesia no es tolerantees la Iglesia bárbara de Jesucristo, nada civilizada en el sentido liberal. Es intolerante porque posee la verdad; es bárbara porque posee la alegría de la esperanza en Dios; es nada civilizada porque no necesita de las cosas del mundo".

Es por ese catolicismo prístino, intolerante -sí: nosotros prestigiaremos la palabra intolerancia, porque no creemos en las pamplinas de los lechuguinos: No se puede ser católico de intención, como afirma Anzoátegui: "La intención basta para salvarse uno mismo, pero basta también para perder a los otros con la mejor intención. Catolicismo y masonería eran dos términos que se tocaban en un punto: la realidad. Políticos católicos respetaban -como ellos decían- las ideas masónicas, porque había que ponerse a tono con el tiempo; políticos católicos pactaban todos los días con los enemigos de la religión de su patria, porque los enemigos eran elegantes y la patria necesitaba civilizarse. Todo esto se lo debemos a los fundadores civiles de nuestra nacionalidad" -sentencia Anzoátegui, y aunque se refiere a la Argentina de sus amores; yo, un español peninsular, podría suscribir exactamente lo mismo de otros tantos políticos de 1978.

Después de 1978 y la "fundación civil" de esto que ahora tenemos en España, vinieron los "santones laicos": "[la santidad civil] es un invento diabólico que tiene todavía muchos creyentes de buena voluntad. La santidad civil sólo puede darse en un pueblo civilmente idiota, y de eso al protestantismo no hay más que un paso: el paso que lleva a la idiotez religiosa". Dixit el divino Anzoátegui.

Para Anzoátegui no se podía ser idealista fuera del catolicismo militante: "No hay derecho a ser idealista si no se es religioso. Los idealistas se dividen en dos grupos: los románticos y los religiosos. Los únicos legítimos son los segundos".

Anzoátegui no sólo dice verdades como puños. Recorre su prosa una nota de humor muy personal. Es ese humor que tanto nos agrada, argentina joda: de Buda llega a decir que era "un indio con almorranas", a Amado Nervo le compone el epitafio: "Era una monja laica". La primera se la da en la frente a Juan Bautista Alberdi: "Dijo "gobernar es poblar" y se quedó soltero".

Ignacio B. Anzoátegui ocupará más de una entrada en este blog. Desearíamos que alguna editorial valiente dé el paso al frente y vuelva a publicar en España sus textos, pues es prácticamente un desconocido -no nos extraña que lo sea, habida cuenta de su iconoclastia políticamente incorrecta.

Nosotros lo vamos a leer y releer... Y vamos a hacer un gran servicio a España, haciéndole justicia a una de las inteligencias más grandes que ha tenido nuestra amada hermana Argentina.

Invitamos a saber más de él en este estupendo blog argentino:

http://www.agendadereflexion.com.ar/2005/07/

http://librodehorasyhoradelibros.blogspot.com/

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