jueves, 29 de octubre de 2009

Están desapareciendo.



Quijotismo, magnanimidad, valor, altivez, impulsividad, estoicismo, individualismo, sentido de la obediencia, escaso resentimiento, tendencia a no admirar la superioridad ajena, culto a la honra, idea de la vida como camino, concepción privada de las relaciones personales y profunda religiosidad.

Todos y cada uno de esos adjetivos han sido usados para describir al caballero español (y por extensión hispano) durante siglos. En la actualidad casí no se los tiene en cuenta porque los único que a mucha gente le interesa es el dinero y el libertinaje. Hoy más que nunca los necesitamos de vuelta, necesitamos que en nosotros despierten esos adjetivos, que permitieron a nuestros ancestros conquistar el mayor imperio que ha existido y existirá en este planeta. Tenemos un responsibilidad, no podemos fallar a los que sacricaron su ayer por nuestro hoy. Luchemos para que en vez de pensar en España como un país de: vagos, maleantes, y fiesteros; piensen en un país de: hidalgos que van con la honra por delante, de hombres de grave porte que saben comportarse y el balompie les da un ardite; luchemos para que la mujer vuelva a ser la roca en la que el hombre español (e hispánico)se apoyó durante los difíciles momentos que todo hombre español debe pasar para convertirse realmente en español. Luchemos para que vida de cada uno deje de ser lo más importante por lo que luchar; luchemos para que el alma religiosa de nuestros ancestros, la mismo que los hizó evangelizar América y hechar a los moros de España; vuelva a nosotros. La lucha será difícil porque nuestros enemigos llevan la delantera, eso en vez de hundirnos debe ser un motivo muy fuerte para continuar la lucha.

SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA

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