viernes, 13 de noviembre de 2009

Novio de la Muerte.




En el tercio, a imitación de si vecina Legion extranjera francesa se cantó inicialmente '' La Madelon'', ese duró poco tiempo, porque no tardo en adoptar un canto que le era más propio y estaba más cerca de aquel nuevo estilo de vida militar de entender la vida y la muerte. Este canto comenzó siendo un cuplé , una canción de escenario; una letrilla que hace llorar a los hombres de bronce que no lloran nunca y a las mujeres que lloran siempre, que las dejan sin aliento, sin pestañear, pálidas como la propia muerte.

El novio de la muerte es otro himno de la legión, es un himno duro como el acero militar. La forma de vurlarse de la muerte de los legionarios siempre ha despertado temor alarma y admiración en el enemigo. Los legionario saben, y así lo acredita la historia del Tercio, que la muerte es absolutamento tolerable, si se es capaz de mirarla a los ojos. El novio de la Muerte sabe que la inmortalidad del hombre, y más si es un soldado, no consiste en vivir eternamente. Ese deseo nace del miedo, cada momento que un hombre logra libersar del miedo, es lo que acaba por hacerle inmoral. En combate, en el límite entre la vida y la muerte, si un hombre es capaz de liberse del miedo de decirse a si mismo: no tengo miedo, llegará a paladear el éxtasis creciento de sentirse: lleno de luz y agudo como la punta de una espada. El novio de la Muerte es, quizás, el himno más hermoso que jamás se haya escrito.


El 7 de enero de 1921, cuendo el tercio tenía sólo unos mese de existencia, después de haberse defendido de un ataque moro, un legionario murió en una de las escuadras del Tercio. Era el Cabo don Baltasar Quija de la Vega; fue el primer legionario que perdió la vida en un hecho de armas. En uno de sus bolsillos se encontraron unos versos llenos de emoción y sentimiento hacia lo que más puede quere un hombre. Se dice que acaba de enterarse de la muerte de sus amada, y en esas confidencias que siempre se dan con el compañero en la vida cuartelera, durante la larga y estrellada noche, confesó a un camarada: Ojalá que la primera bala no tarde mucho y sea para mi corazón, para reunirme pronto con ella. pocas horas después su escuadra fue atacada. Cuando se retiraron los muerte, toda una premonición presagió el furuto canto : El novio de la Muerte.



Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo, el corazón.

Más si alguno quien era le preguntaba
con dolor y rudeza le contestaba:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera
defendiendo su Bandera
el legionario avanzó.

Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando, al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.

Y aquella carta decía:
"...si algún día Dios te llama
para mi un puesto reclama
que buscarte pronto iré".

Y en el último beso que le enviaba
su postrer despedida le consagraba.

Por ir a tu lado a verte mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi ¡Bandera!




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