domingo, 29 de noviembre de 2009

Memorias del Futuro.



"Coraje es lo que falta. Pues durante mucho tiempo hemos ido viendo de qué manera nos cambiaban la vida. Y nunca reaccionamos. Siempre hubo quién se quejara, es cierto: y lo trataron de catastrofista, de orate apocalíptico. Apenas alzaban la voz los que se lamentaban, por miedo a señalarse. A veces, alguno más atrevido, elevaba la voz en un bar: "Ya está bien de que nos toquen los cojones". Y era algo más que una metáfora... Nos los estaban tocando. Y de qué manera.

Recuerdo una escena. Un viejo, con boina, iba por la calle una mañana. Al ver a una extranjera vestida como en su país, le dijo: "¡Quítate ese ropaje, extranjera! ¡Vete a tu país!". Un policía -español también- fue hasta el viejo y le reprochó su intolerancia y quiso ponerle las esposas. El viejo se encaró con aquel policía... Delante de muchos pasó aquello. Y ninguno de nosotros salió en defensa de aquel viejo. Creo que terminó en una residencia de ancianos que tenía fama de practicar la eutanasia.

Extranjeros en nuestra propia patria, en eso nos han convertido los políticos que hicieron aquellas leyes. Invocando un torpe humanitarismo, se extendieron los derechos "ciudadanos" a los metecos y, por ser tantos los extranjeros en nuestras ciudades (hasta ciertas barriadas se habían convertido en suyas con exclusividad), cuando pudieron votar -como si fuesen españoles-, los extranjeros ganaron por aplastante mayoría. Así fue como impusieron a sus líderes al frente de nuestros ayuntamientos.

Los nuevos gobernantes municipales, muchos de ellos venidos de África, tenían todo de su parte. Los laicistas habían conseguido, en virtud de sentencias que proscribían los símbolos religiosos, que años antes desaparecieran de las calles los nombres cristianos, los crucifijos antiguos que adornaban nuestras rúas... Y no habíamos reaccionado. Nuestros invasores lo tuvieron fácil, no tuvieron en un principio que recurrir a la violencia. Entre sonrisas, palmo a palmo, nuestros políticos habían vendido nuestro suelo y se habían lucrado.

Se cargaron impuestos, primero, a los mataderos en los que se sacrificaba cerdo y luego a las fábricas de bebidas alcohólicas. Se quería así estrangular (según advirtieron autoridades médicas sobornadas por los extranjeros) los malos usos dietéticos que teníamos en España. "Era de agradecer que nuestras autoridades municipales se preocuparan tanto por nuestra salud" -decían en los televisores. Pero siempre había recalcitrantes cristianos que comían jamón y bebían vino. Por lo que bien pronto, las carnicerías que vendían carne de cerdo tuvieron que pagar un impuesto y los bares y restaurantes que traficaban con carne también tuvieron que pagar tributo. Se cerraron empresas cárnicas, se clausuraron carnicerías y se candaron restaurantes.

Le tocó el turno a los muertos. Se exhumaron los restos mortales de nuestros difuntos, haciéndose monda de los camposantos. Se calcinaron los huesarios. El pretexto fue el número de cruces que había. Y sobre el suelo sagrado de nuestros cementerios se erigieron mezquitas, y alguna que otra sinagoga, y alguna que otra logia.

Las autoridades de ocupación convocaron un Concilio. La mayor parte de los Obispos firmaron un manifiesto por el que se separaban de Roma y se creó la Iglesia Cristiana Universal Ibérica. Era la única confesión a la que nuestros dominadores permitieron practicar su culto en la intimidad de los templos que no fueron asolados. La Iglesia Cristiana Universal Ibérica abrazaba a todos los cristianos, también ortodoxos y protestantes, incluso a los Testigos de Jehová y a otras sectas. Sus líderes, llamados independientemente sacerdotes o pastores, podían tomar esposa. También había sacerdotisas y pastoras. Y predicadores que, desde sus púlpitos, alababan el régimen de tolerancia que habían traído nuestros nuevos dueños.

Y fuimos corregidos. Y de qué manera fuimos corregidos. Muchos apostataron, pasándose a las filas del enemigo. Otros quedaron cristianos, pagando tributo y quedando sometidos así a las "autoridades legítimas" -según los derechos de conquista del año 711.

Una minoría de cristianos, a los que la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Cristiana Universal Ibérica nos negó el nombre de "cristianos", seguimos fieles a Roma. Pasamos a la clandestinidad, y nuestros enemigos nos llamaron "terroristas"... Y nos pusieron en búsqueda y captura.

Nosotros nos llamamos a nosotros mismos "Viento Sagrado". Algunos sacerdotes y religiosos exclaustrados nos lideraban. Estudiamos libros prohibidos, como los de San Eulogio y Álvaro de Córdoba, también a San Bernardo. Muy pronto quedamos divididos en dos secciones: el Viento Sagrado de los Mártires y el Viento Sagrado de los Cruzados. De vez en cuando, alguno de nuestros mártires va a sus mezquitas, a sus sinagogas y a sus logias... Y escribe en las paredes "AVE MARIA", o entrando en ellas grita: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!".

Por estos "delitos" en lo que era nuestra tierra nos apedrean, nos lapidan y nos linchan con furia demoníaca. En los primeros casos se reclamó al Tribunal de Estrasburgo, pero ya era tarde: en el resto de Europa sucedía lo mismo. Por eso el Viento Sagrado de los Cruzados pasó a la lucha armada. Conocí a alguno de ellos. Se dedicaban al sabotaje, casi todos ellos vivían en el campo, en cuevas y bosques.

¿Qué hubiera sido -me pregunto- si hubiéramos reaccionado a tiempo? Y es una pregunta que me atormenta.

Si todos hubiésemos sido como aquel viejo, que crispando su puño se enfrentó al policía que le mandaban los demócratas... No hubiera pasado esto."

Pasaje de las "Memorias del futuro" -cuaderno de un superviviente mozárabe del año 2050 d. C.
Publicado por Maestro Gelimer: http://librodehorasyhoradelibros.blogspot.com/2009/11/coraje-es-lo-que-falta.html


Ahora o nunca. Lectores, españoles de bien, cristianos viejos e hijosdalgo por derecho de nacimiento, levantemos. El enemigo exterior aún no es fuerte y el interior a pesar de sus número es cobarde. Podemos solucionar el futuro. Yo no quiero que mis hijos sean una tojados, que a mi mujer y a mis hijas las obliguen a llevar burka y las laceren el clítoris. Yo quiero poder comer un buen cocido con tocino, unas morcillas de burgos, torta de Ayerbe y vino de la Rioja y el Somontano, amén de jamón de extremeño, sidra cántabra y asturiana y tapas vascas. Quiero comer Fidegua catalana y no ser molestado ni cargado con impuestos. Sino lo hacemos ahora sé que no hipotecaré, ni tendré casa; viviré en una cueva a los Don Pelayo.

DESPERTA FERRO, DESPERTE HISPANIA INVICTA.



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