sábado, 13 de marzo de 2010
EL mundo de habla española (II)
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Desaparecidos los odios y las rencillas derivados de las distintas guerras que hubo en la América española al hacerse independiente, lucha que con todos sus personajes de epopeya tuvo los terribles caracteres de las guerras civiles, quedan hoy las raigambres históricas con todo su poder de acercamiento y compenetración. Así vemos a historiadores argentinos averiguando con interés cuál fue el punto de España donde nació don Juan Garay, fundador de Buenos Aires. Vemos historiadores de Centro-América queriendo probar que los restos del primer Almirante de las Indias, Cristóbal Colón, están en Santo Domingo y no en Sevilla, a lo cual nuestros doctos, con pruebas contundentes, replican que esos restos descansan bajo las bóvedas de la Catedral de Sevilla. Vemos a la principal Academia de Historia de los Estados Unidos del Norte enfrascada en averiguar cómo era la bandera española enarbolada en la Plaza de Armas de Nueva Orleáns (Luisiana) en los últimos tiempos de la dominación hispánica. Y sabemos, por otros historiadores, que el famoso canal de Panamá, abierto en el istmo de su nombre, después de tan ímprobos trabajos y tan titánicas luchas, fue estudiado y pretendido hacer por los españoles en tiempo de Carlos V. Y no se enumeran más, porque para ejemplo basta lo dicho.
Estos estudios, estas ansias de investigación y las citas anteriores de otro orden, demuestran que América [48] empieza a saber que las tradiciones seculares fomentan firmemente la unidad moral de los pueblos: empieza a echar de menos en su ser un espíritu creador, el espíritu de la tradición, y claro está que al procurarlo y ahondar en la historia encuentra el pecho, el regazo y los brazos de la amorosa madre, de España. Y ahí están los mejores orígenes del hispanoamericanismo.
Alguien dijo que la historia del mundo es la historia de unas pocas familias. En efecto, en cada nación suele haber una familia que, por la actuación de sus antepasados, encarne o compendie la historia de su país. Dentro de esta verdad están los países hispanoamericanos, a pesar de su juventud. Pues bien, destacada en cualquiera de esos países una de dichas familias, de gran formato, se verá que sus orígenes no están en Italia, ni en Francia, ni en Rumanía ni en Portugal; sino que, en general, están en la irradiante España.
Entre españoles y americanos fraternos no hay apasionamientos políticos ni religiosos, no hay odios de raza, no hay guerra económica; por el contrario, la epopeya y el romance los envuelve, la historia los acaricia, la sinceridad los une, la antorcha de la civilización les alumbra iguales rutas.
España tuvo un orto deslumbrante en el sol de su vida, su raza lo volverá a tener.
Como consecuencia de lo que se deja expuesto, debe deducirse que la denominación de América latina que se da a la América española es caprichosa, no es acertada ni es justa.
Veamos ahora por qué motivos se ha dado y aún sigue dándose.
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En América durante muchos años y con relación a España estuvo tomándose la parte por el todo. No se estudiaba a España ni poco ni mucho. De ella se veía solamente lo que de ella llegaba, el emigrante pobre y a veces analfabeto. Debido a esto, el orgullo del origen quedó envuelto en una bruma espesa y la denominación de América latina fue tomando incremento, fomentada hábilmente por Italia y por Francia, sobre todo por esta última, que de ese modo entraba gallardamente en la familia, titulándose hermana mayor y llevando hacia sí afectos y admiraciones muy justos, sí; pero que no le corresponden por ese motivo, sino por ser la irradiadora suprema de liberalismo y de espíritu universal.
Pero ¡oh sorprendente acción del tiempo que todo lo transforma! En Francia se empieza a hacer justicia a España en este asunto. Es muy interesante un artículo publicado en «La Petite Gironde» de Burdeos, periódico de gran circulación en Francia, el día 6 de Enero de 1929. Titúlase «El imperialismo americano», y se refiere a los peligros que encierra para el hispanismo el imperialismo yanki, nacido de la doctrina de Monroe, de la conquista económica de las repúblicas hispanoamericanas, que es un hecho, y de su conquista moral, que es un intento. En ese artículo no se alude ni una sola vez a la América latina, se alude repetidas veces a la América española y se termina así: «Importa mucho al mundo entero que España no se deje arrebatar el rol que su gloriosa tradición y sus cruentos sacrificios le deben asegurar cerca de las naciones hispánicas; Europa entera está estrechamente unida a España en este asunto y es necesario que España se halle persuadida de esto, para que tenga plena confianza en sí misma y en su misión histórica.»
Si este atisbo de sana evolución se acentuase en Francia, no habría ya que pensar en tal asunto, pues como eje que ella es de la mentalidad humana, tiene tal prestigio, que impondría muy pronto al mundo el denominativo de América española, que es el único justo por su rotundidad.
La constante repetición de América latina tendía y tiende a arrancar y a desecar las raíces hispánicas. Hasta ahora no se ha conseguido, parece ser que no se conseguirá; pero es indudable que tal definición es un enemigo más de España, lleno de malicia y que ocasiona confusión a fuerza de inexactitud. Crea además una rutina y la rutina tiene una fuerza que esclaviza y agranda los errores que se mantienen colectivamente.
Diciendo «América latina», como también se dice en Norte-América y otros países americanos, tal vez quieran argüir que se le concede un abolengo, si no mejor, de frondas mayores; el que eso sea injusto no importa, otras injusticias análogas perduran entre los humanos y nadie se esfuerza por corregirlas. Además, sustituyendo el denominativo injusto de «latina» por el justo de «española» se concedía mayor irradiación a España y eso sería virtud inusitada en la historia de la Humanidad. Bueno que España labore por su engrandecimiento moral y material; pero pretender que las grandes agrupaciones humanas la ayuden en tal camino, aun haciéndola justicia, sería lo mismo que pedir luz propia a los astros muertos.
La evolución del periódico francés a que se ha aludido obedece al deseo de contrarrestar el engrandecimiento material y moral de los Estados Unidos del Norte.
Entre Francia y España existe una gran diferencia. La acentúa el suelo y el cielo de ambas y la marcada psicología de los dos pueblos evidente en sus costumbres y en todas las manifestaciones del arte. Nadie más indicado para reconocerlo que el turista americano que, en sus viajes de emociones, orientaciones y estudio, pasa del territorio francés al español. No quieren referirse estas líneas a la superioridad que en uno y otro campo pueda haber en distintas cosas, sino a la diferencia total que hay en el conjunto; búsquese en lo que se busque, ya sea en la arquitectura, en la pintura, en las letras o en las costumbres; y no se dice en la ciencia, porque ésta no tiene solar ni color, es universal y resulta del talento y del estudio de todos los hombres.
Ante esta falta de comunión espiritual, por más amistad que haya entre los dos pueblos, ¿qué es lo que significa ni qué fuerza tiene para juzgarlos hermanos, el que las palabras inclemente e inclement, por ejemplo, tengan su etimología en el latín inclemens, de in negativo y clemens, clemente? (Cítase tan sólo este adjetivo por no citar mil palabras más que harían odioso este trabajo.)
¿No es altamente caprichoso, por no decir ridículo, que sea ese y no otro el origen de las denominaciones «latinoamericanismo» y «América latina»?
Algo parecido a la raza, que, de no fijarse en un punto esencial, se pierde uno en las raíces múltiples, ocurre con la lengua española. Del ario deriva el sánscrito; del sánscrito salió el latín; en el latín influyó el griego; a España pasó el latín popular de formas rudas, llevado por los soldados, que se mezcló con los dialectos de la península, formando lenguas nuevas denominadas neolatinas. El latín de las clases elevadas de Roma y el de los escritores, influyó menos en España que el latín popular de formas primitivas. Pasó largo tiempo y llegó la decadencia del Imperio Romano, que invadieron los bárbaros, quienes contribuyeron poderosamente a corromper el latín, tanto el plebeyo como el de las clases cultas. Estas influencias actuaron en España de un modo y en las Galias de otro, y así se llegó al Renacimiento.
Toda argumentación para fundar como atinada la clasificación de «América Latina» resulta fragorosa y casi incompleja al lado de la verdadera: «América Española».
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Analicemos ahora la clasificación de «Iberoamericanismo», lamentable también, con la circunstancia agravatoria de que está arraigada entre algunos españoles dirigentes.
Iberoamericanismo, espiritualmente hablando, quiere decir: unión de España y Portugal, unión de Portugal y de Brasil, unión de Brasil y las diez y nueve Repúblicas hispanoamericanas y unión de Brasil y España.
¡La complejidad es grande; es absurda, casi es morbosa!
¿Cuántas complicaciones aparecerían en tan soñada unión, de poder utilizar un microscopio para estudiar las almas de los pueblos, lo mismo que se utiliza para estudiar las células vegetales?
Los hijos de los diez y nueve países americanos de origen hispano, no hablan ni quieren saber nada de iberoamericanismo. Esta clasificación, inventada equivocadamente por unos cuantos españoles, la aceptan los portugueses cuando les conviene, y pocos, muy pocos brasileños.
Una cosa hay en Portugal, derivada principalmente de España, que tiene allí gran importancia arquitectónica, y es el estilo Manuelino. Los portugueses niegan en este caso la influencia hispánica, y para acreditar su teoría le buscan otros orígenes.
El estilo de Isabel, como ahora se dice en España (el manuelino de Portugal), se formó con las postrimerías del gótico, los avances del renacimiento que entonces empezaba a llegar y la influencia decisiva del mudéjar. Este último fue formado en España con sus artistas y sobre todo con los artistas árabes que en casi su totalidad se quedaron en suelo español después de la rendición de Granada, no siendo expulsados a tierras africanas como los otros moros.
Los maestros franceses reconocen el estilo de Isabel como creado en España, pero los portugueses, en su estilo similar, rechazan tal ascendencia, atribuyéndolo exclusivamente a su inventiva y a las transformaciones aludidas producidas en territorio suyo, sin siquiera la intervención del mudéjar español, que dicen reemplazaron con otro mudéjar trasplantado del Norte africano.
Estas proyecciones españolas tienen demasiada importancia para España al absorber algo de Portugal y entonces éste no las acepta, tomando del Iberismo, como se ve, aquello que le conviene o dejando del mismo lo que no le agrada.
Sólo un detalle hay, verdaderamente luso, en el estilo manuelino, y es el referente a barcos y cuerdas. El resto, lo típico, o sea la riqueza fantástica en la amalgama de los estilos referidos, derivó de España, aunque en ésta esa riqueza sea más moderada.
Desde hace diez años se viene hablando en España de la conveniencia de un acercamiento luso-español. Hubo congresos en que, para tal fin, estuvieron reunidas las universidades españolas y portuguesas; se estudió igualmente esa aproximación en el aspecto económico; se habló, escribió y discurseó mucho; pero prácticamente no se hizo nada, porque es muy difícil, sí no imposible, el hacer algo de eficacia poderosa. Un ilustre escritor portugués dijo que el tan mentado intercambio lusoespañol es un desierto y que lo que sólo está en pie es el atávico recelo de Portugal respecto de España y la ignorancia de ésta en cuanto a su vecina, que si no la desdeña, por lo menos parece que le es indiferente. Esta es la pura verdad, una vez descontados por ambas partes las gratas cortesías internacionales.
Don Francisco Cambó, en su libro Por la Concordia, aboga por el Iberismo como un gran ideal ibérico; pero lo hace así porque olvida que los portugueses no pueden abandonar su vehemente personalidad, personalidad que es hija de un nacionalismo extremo, firme e inconmovible.
En el precioso pabellón que los portugueses construyeron en la Exposición de Sevilla, y al cual llevaron maravillas como las obras pictóricas del gran Nuño Gonsalves, lo cual ganó la gratitud de los españoles, dio una conferencia muy interesante el ilustre hispanófilo portugués Agustín de Campos; la dio en correcto español, y a pesar de su mérito, este alarde honroso le sirvió para que a su regreso a Lisboa le pidieran cuentas de por qué no había hablado en portugués. Si el ilustre escritor a que aludo [55] hubiese dicho su discurso en Inglaterra o en Francia, empleando los idiomas inglés o francés, los suyos se hubieran vanagloriado; pero el haberlo dicho en español, en España, les molestó. Ya ve el señor Cambó qué lejos está de toda posibilidad el Iberismo.
En la península ibérica hay dos cosas muy diferentes entre sí y son las dos naciones peninsulares que la forman. Tienen un pasado que no es común (salvo en cortas etapas) y su presente y su futuro son de absoluta independencia y de rumbos diversos por ser dos países vivos que marcan avances diferentes y dejan estelas muy distintas.
Dicen los portugueses que Portugal es una nación formada por misterioso dinamismo histórico. Los estudios hechos por hombres de ciencia parecen ayudar ese criterio. De la fábula y de los mitos surge igualmente un tipo portugués, diferente del celta y diferente del ibero. Por allí pasaron fenicios, griegos, romanos, visigodos, musulmanes, castellanos; se fundó un condado, éste se convirtió en reino, y en todo momento, lo mismo en sus tiempos desgraciados que en sus tiempos áureos, Portugal conservó su carácter propio, en el cual nada intervino tampoco la dominación española de los tiempos de Felipe II durante sesenta años.
En la actualidad, el patriotismo peninsular que existe en aquel país no es localista, sino que es el camino directo hacia una simpatía cosmopolita, humana, mundial. Esto es, ven en el amor a España el principio del amor al cosmopolitismo. En cambio España circunscribe su patriotismo peninsular al amor entre las dos naciones, lo cual despierta alguna susceptibilidad portuguesa.
Portugal siente todavía hispanofobia a causa de los libros sofisticadores que aun perduran en las escuelas, que más tarde son destruidos por los libros serios y estimables del hombre de estudio; pero que dejan su mala influencia en el vulgo numeroso, contribuyendo a mantener suspicacias y recuerdos impropios de la sesuda filosofía que hoy impera en el mundo.
Algo puede cambiar este sentimiento, debido a las numerosas visitas que hicieron los portugueses a España, con motivo de la Exposición de Sevilla, a trece horas de Lisboa. Hagamos votos calurosos por que así sea.
Con buena voluntad siempre hay manera de elogiar una acción, una frase o una ley; con mala voluntad siempre se la puede criticar en tono acerbo. Nadie desconoce la locución «Las lenguas de Esopo», nacida precisamente para demostrar que muchas cosas tienen dos aspectos y por esto se las puede alabar o zaherir según cuadre o convenga al comentarista.
España con su equivocado iberoamericanismo suele invitar a Portugal a ingresar en la gran familia hispana, obedeciendo a una manera franca de sentir el patriotismo peninsular; pero al mismo tiempo que tiene este gesto noble, tiene negligencia para ahondar en la vida portuguesa, y de ahí también algunos prejuicios torpes de los españoles, radicados siempre en el vulgo inmenso.
El vocablo de Iberoamericanismo rechazado por la Real Academia de la Lengua, única que en este caso tiene autoridad, es en nuestro idioma lo que en medicina se llama neoplasma, o sea un tejido nuevo, anormal. Y lo curioso del caso es que esta anormalidad la mantiene frecuentemente el Gobierno español y alguna institución semioficial, a pesar de su principal carácter de hispanoamericanismo, en virtud del cual debiera de enterrar y olvidar semejante error.
Entidades como la Unión Iberoamericana de Madrid y el Centro Gallego de Montevideo, quieren mantenerlo y fomentarlo. En su empeño habrá un fin noble; pero, desgraciadamente, constituye una lamentable equivocación, pues amparando una cosa invertebrada van contra el hispano-americanismo, que es la única verdad en este asunto. Se divorcian de él y con tal disparidad de criterios ayudan también al latinoamericanismo, del que hábilmente se aprovechan Italia y Francia en perjuicio de España.
De ahí el que una comisión de intelectuales, presidida por el señor Fernández Medina, ministro del Uruguay (uno de los diplomáticos americanos de más prestigio en España), haya visitado hace algún tiempo al jefe del Gobierno español para pedirle que oficialmente se emplee siempre el vocablo «Hispanoamericanismo».
Los lusitanos cristalizaron su raza solamente en el Brasil. En las otras diez y nueve naciones fueron españoles bien definidos, puros y claramente perpetuados los que allí descubrieron, poblaron y civilizaron.
Los brasileños hablan de su raza refiriéndose a Portugal. A «Las Lusiadas», gran poema del mar, poema del inmortal portugués, le llaman el poema de su raza. Los portugueses, refiriéndose al Brasil, dicen «la América de lengua portuguesa» y los brasileños, hablando de Portugal, le llaman «Patria de su Patria». Portugueses y brasileños cantan la confederación espiritual que forman Portugal y Brasil, confederación cuyo cetro preponderante es del soberano Camoens. Y enfrente de ella, amistosamente, España y los diez y nueve países de habla española forman otra confederación igual, cuyo cetro prepotente entregaron a Cervantes.
Pero llega a más la complejidad de que hemos hablado. Brasil acepta hasta cierto punto la herencia espiritual que le dejaron los portugueses; pero sólo hasta cierto punto. Así el escritor brasileño Renato Almeida dice: «Nuestra condición de americanos nos libra de las formas europeas y nuestro destino no es proseguir la obra portuguesa, sino hacer cosa propia y libre con la marca natural de la influencia y herencia recibidas; pero sin sujeción a su dominio. Ni fusión política ni unidad literaria con Portugal. Respetemos con veneración las glorias portuguesas; pero no acreditemos que sean fuerzas capaces de orientar al Brasil, cuya finalidad se manifiesta en otros términos y para otros destinos. Ni política ni literariamente se armonizan los ideales de los dos países y no se puede hablar en raza común cuando el caldeamiento étnico del Brasil crea tipos tan diferentes de los portugueses. Nuestro universo es totalmente otro y la transformación de la lengua entre nosotros acentúa cada vez más esa separación.»
Como se ve, Brasil padece algo de lusofobia. En la trayectoria luminosa hay el desequilibrio propio de las rápidas y apasionadas sustituciones.
Además de lo razonado sobre el vocablo «Iberoamericanismo» hay que entrar a juzgarlo desde los países suramericanos de habla española.
En la América del Sur existe una política internacional que tiende a la mejor armonía entre los distintos Estados que forman ese continente, pendientes todos del progreso.
Brasileños y demás suramericanos siéntense vinculados por lazos de vieja amistad, fundada en comprensiones recíprocas y en admiraciones mutuas, pero nada más.
Nada hay de común allí más que el origen continental. Los otros orígenes son distintos. Dos razas, dos culturas, dos idiomas; diversidad que, desde luego, no conduce al odio, pero tampoco a repetidas emociones fraternas.
Hasta la misma independencia del Brasil se hizo en condiciones diferentes a las de las repúblicas hispano-americanas.
La originalidad y la complejidad de las civilizaciones española y portuguesa son muy marcadas para que se las pueda confundir o mezclar.
Fidelino de Figueiredo, portugués ilustre, ha dicho que toda aspiración de confraternidad iberoamericana tiene un largo y difícil camino que recorrer antes de plasmar en realidades eficientes.
Por todo esto el iberoamericanismo es una aspiración mal enfocada y peor definida. Quizá se pueda abordar dentro de algunos siglos, pero, hoy por hoy, las preocupaciones serias de España (principal creadora del ibero-americanismo) deben circunscribirse al hispanismo en la América española, o sea al hispanoamericanismo.
El mundo de Habla española (III)
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Hemos hablado del predominio espiritual de la raza hispana en América por razones de carácter histórico, etnográfico, lexicológico y de psicología. [60] Maestros americanos, como Ricardo Rojas, Vasconcelos y Palacio, hacen estudios admirables, disecando la sociología y la historia, tendientes a crear en América una forma original y propia de civilización. El empeño es digno de tales mentalidades, pertenece a honrosas inquietudes propias de los pueblos nuevos; pero la realidad les sale constantemente al paso señalándoles las fuentes de Europa y entre ellas y para ellos las de España. Hasta ahora nada ha cambiado; veamos si es razonable suponer que tal estado de cosas puede cambiar.
Si España mantiene y sigue desarrollando pujantemente su resurgimiento, América estará siempre unida moralmente a ella. Los progresos españoles serán mágicos señuelos para atraer a las repúblicas hispanoamericanas.
América se entera con orgullo de que la ingeniería española en transportes de energía eléctrica de alta tensión va a la cabeza de todos los países. Supo ufanamente el resonante triunfo del periodismo español en la Exposición de Colonia, que por estar unido a diarios americanos de nuestra estirpe, hizo ver al mundo una clara y valiosa manifestación de hispanoamericanismo. América sabe con noble vanidad que España seca sus pantanos, electrifica sus vías férreas, intensifica la producción agrícola, y sabe que, después de obtener la paz de Marruecos, civiliza aquel país; levanta en él ciudades con rapidez de magia (como la llamada Villa Sanjurjo) y se dispone a construir un túnel submarino entre ella y Africa, habiéndose premiado con tal motivo en la Academia de Ciencias de París un trabajo hecho para tal fin por el ingeniero español Ibáñez de Ibero, aunque no sea éste, según parece, el que se ha de realizar. [61]
América aplaude con orgullo a los profesores, pensadores e investigadores que España le envía como exponentes de su cultura y estima en sumo grado a los artistas hispanos. América bate palmas por los avances de la aviación española, tanto en el campo de las intrepideces como en el de los inventos (recuérdese el autogiro Cierva, reputado como lo más perfecto de cuanto hasta ahora se ha inventado en aviación).
América se da cuenta de las perfecciones de la ingeniería naval española, tanto en las naves de guerra como en las mercantes. América levanta monumentos al soldado español y España los levanta dedicados a aquellos países. América acude amorosa a la Exposición de Sevilla sabedora de que en el regazo acogedor de la nación progenitora podrá mostrar al mundo todo lo que es y todo lo que vale, y su juventud acudirá en parte a la magna Ciudad Universitaria que España levanta en los alrededores de Madrid. España realiza y seguirá realizando exposiciones de libros hispanoamericanos y acaba de implantar la Cátedra hispanoamericana, creada bajo los auspicios de la Junta de Relaciones Culturales. Esa Cátedra fue inaugurada en la Universidad de Madrid por don Enrique Butty, decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
Sevilla y Barcelona, con sus dos exposiciones, hablaron elocuentemente al mundo de lo que España ha sido, es y será, de su fuerza actual, de su poder y su riqueza. Fueron dos exponentes de gran vitalidad y gloriosa significación histórica, noble y prodigioso alarde no igualado todavía y difícil de igualar. [62]
Todo esto y más que omito, es siembra de luz que despierta en América sanas inquietudes que favorecen el amor hacia el origen. Ese amor está beneficiado por intercambios honrosos, tanto para el magnífico tronco. histórico como para sus grandes ramas, pletóricas de modernísima floración. Esta fuerza expansiva y civilizadora, esta pulsación de la raza, llegará a crear un gran movimiento americanista español, debido al cual España terminará por americanizarse, acabará por inocularse su propia sangre, la muy viril que derramó por América los siglos XV y XVI; traerá a su trono savia americana, que quizá la libre de la anunciada decadencia de occidente.
El predominio espiritual de la raza hispana en América no deja lugar a otros predominios semejantes. Además tiene el formidable apoyo del idioma. Impresiona lo que de nuestro idioma dijo una vez un ilustre mejicano, don Federico Gamboa, director de la Academia Mexicana: «Mientras mejor lo guardemos y mejor podamos hablarlo, nuestra personalidad se afirmará más y más. Demostremos cada día dentro del patriotismo irreductible y bendito que nos distingue y caracteriza, que somos hijos independientes, ¡pero legítimos!, de la España grande y gloriosa. Y si alguna vez, que ojalá nunca llegue, hubiéramos de desaparecer como nación y como pueblo, que tal escudo nos sirva de mortaja y que nuestra última maldición al destino o al enemigo que nos acabe, nuestra última palabra de amor para los nuestros y nuestra última plegaria a Dios, nosotros y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos la digamos en español.»
No se ignora que algunos escritores sudamericanos se creen humillados al tener en su idioma el [63] mismo punto de vista que los españoles. Alguno de ellos dijo que tenían que expresarse en las formas envejecidas de un idioma en retardo.
El asunto es digno de ser meditado ya que los argentinos son generalmente estudiosos y muy estimables por sus ansias de superación; pero el caso presente parece ser de condición morbígena y no se debe pasar en silencio. El lamento de este escritor puede estar apoyado o combatido en la Filología Española y a ella hemos recurrido. Hemos repasado estudios de esta clase hechos por alemanes, franceses, ingleses e italianos y en ninguno de los que hemos consultado hallamos nada aproximado al aserto de que el idioma español está en retardo y sus formas han envejecido. Por el contrario hemos aprendido en una obra del alemán Fiedrerici Georg, que cuando los españoles descubrieron América había allí un gran grupo lingüístico bastante homogéneo (el aruaco insular) que proporcionó un gran número de palabras al idioma español, muchas de las cuales pasaron a otros idiomas europeos, ocurriendo todo esto sin que los españoles se lo propusieran ni se dieran cuenta de ello. (Cita al efecto las palabras canoa, bejuco, cacique, cocuyo, hamaca, macana, maíz, sábana, tabaco, yuca, &c.). Hoy sucede lo mismo, constantemente enriquecen el idioma español palabras americanas, pero no como antes, que los españoles no se daban cuenta de ello, sino enterándose mucho, por medio de su Real Academia de la Lengua y de los numerosos Académicos correspondientes que hay en los países de habla española. Una prueba de esto es el reciente envío a los Académicos correspondientes de la República Argentina, hecho en consulta .por la Real Academia Española, de varias palabras, [64] entre ellas «Juvenilia», título de una novela del eximio escritor argentino Miguel Cané, y que la docta Corporación española quiere llevar a su acervo, para tener una palabra de significación no igualada en otros idiomas, pues define exclusivamente la parte de la juventud correspondiente a la vida del estudiante.
Ese idioma envejecido y en retardo está ahora estudiándose con afán en las Universidades y Colegios norteamericanos, ingleses, franceses, alemanes e italianos y los filólogos de estos países hacen antologías, diccionarios y libros en los que se estudia lo más acabado y representativo de la Literatura Española, lo mismo la prosa que la poesía, desde las obras de Alfonso el Sabio y la monumental Celestina hasta los versos de nuestros poetas contemporáneos.
Hay un género en la Literatura del mundo, el género novela, inventado por Cervantes, que se escribió en ese idioma que hoy se dice envejecido y que está en retardo.
En ese mismo idioma ha desarrollado en Buenos Aires un ciclo de conferencias el pensador español José Ortega y Gasset, abordando temas de elevada especulación mental y obteniendo un éxito sin precedentes en aquella ciudad (así lo dijeron los periódicos porteños).
El famoso filólogo alemán doctor Carlos Vossler, profesor de la Universidad de Munich (y ex rector de la misma), hace estudios hace diez años, tendientes a dar al idioma español el primer puesto entre los idiomas románicos. Si a esto agregamos que la estructura y las características de la sintaxis española tienen unos primores a los que no llegan los demás idiomas; si recordamos que en la Real Academia de [65] la Lengua hay una sección presidida por el señor Torres Quevedo para dar entrada en el idioma hispano a las voces científicas modernas procedentes de otros países; si en América hay Académicos correspondientes y los tienen también las regiones españolas que poseen un dialecto y todos ellos hacen aportes interesantes constantemente, ¿cómo explicarse que pueda haber un escritor americano que diga que el idioma español está envejecido y en retardo?
Otro escritor sudamericano, hablando en una fiesta de confraternidad (de esto hace ya algún tiempo), dijo que España podía trasmitir bajo todas sus formas el pensamiento moderno, y más tarde, en una carta íntima, se regocijaba de que sus compatriotas no tuvieran, como los españoles, el embarazo de una literatura nacional envejecida y atrasada.
Son estas dos proposiciones totalmente diferentes. Obligados a sacar de ellas una conclusión, descubrimos una acrobacia muy peligrosa. Descubrimos una elasticidad alejada del mérito, y, ante espíritus tan poco sinceros, pensamos que en casos como éste a que se alude no pueden ser ni cosechadores de orgullo nacional ni de preocupación hispana.
Algunos americanos modernos dicen que el idioma español es pobre; lo dicen de hinojos ante el francés; y los suizos acusan al idioma francés de idéntica pobreza, quizá arrodillados ante el alemán o el italiano. En ambos idiomas, suizos y americanos, con buena voluntad, encontrarían todas las palabras que necesitasen o bien sus equivalentes.
Así como esos americanos (por suerte muy pocos) ponen su veto sistemáticamente a todo esplendor español, así hay españoles (también pocos) que lo [66] ponen a la pujante ascensión de muchos países hispanoamericanos. Son seres que se dedican a ver exclusivamente la parte mala de los hombres y de las cosas. Padecen calvicie interna y en el arbolado propio de todo espíritu cultivado tienen enormes calveros. Quieren disparar como las piezas de artillería y no pasan de hacer estampidos de neumático, que, una vez producidos, se desinflan. Hay seres que hilan y los hay que deshilan. Los primeros fabrican telas útiles, los segundos crean trapos y aun los deshacen.
A cambio de esos americanos, hay otros, muchos e ilustres, que viven encariñados con la lengua de su origen. El embajador de la República Argentina en España, señor Daniel García Mansilla, en su folleto «Proyecto de asociación cultural hispanoamericana para conservar el idioma»; el escritor venezolano don Rufino Blasco Fombona, en los diarios de Madrid; el señor José María Peralta y Lagos, ministro de España de la República de El Salvador, en su folleto «Defensa del idioma», y la poetisa argentina Alfonsina Storni, en «El Sol», de Madrid (no cito más por no fatigar), aprecian la riqueza y hermosura de la lengua española y hablan de la necesidad de conservarla pura. Esta última escritora ha dicho: «El lenguaje es uno y cualquier escritor de habla castellana dondequiera haya nación, pertenece al tronco común y está en su propio interés aumentarlo y no disminuirlo, reverenciarlo y no mancillarlo.» [67]
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Nos hemos detenido excesivamente en este asunto, porque su índole apasionante lo puede justificar, aunque se trate de opiniones muy excepcionales.
Todos los países civilizados tienen los mismos elementos de civilización: lenguaje, religión, instituciones políticas e instituciones económicas. Estos dos últimos elementos son muy parecidos en todas las naciones; varían la religión y el lenguaje y éste es el que tiene más fuerza. Herder dice: «es preciso considerar a los órganos fonéticos como timón de nuestra inteligencia y al lenguaje como llama celeste que inflama nuestras ideas y sentimientos.»
Para España su idioma es un elemento psicosocial de primer orden, si estudia concienzudamente el alma española en América, que es lo más evolutivo que España tiene, adentro y fuera de sí.
El tener el mismo idioma equivale a una invitación para pensar del mismo modo como, sobre poco más o menos, dijo Renán.
Juan Zorrilla de San Martín dice que «en las lenguas formadas, como en las obras geniales, hay algo más de lo que está al alcance del análisis material, porque son el producto del genio de un pueblo, el genio mismo si se quiere».
El idioma español es vaso sagrado donde los países hispano-americanos vierten su intelecto, consagrando sentimientos de confraternidad entre ellos y la Madre Patria; es arca vargueña que guarda fielmente la poesía de veinte pueblos hermanos, y es sabido que la poesía marca en el alma el lugar de las flores predilectas.
En América y en España son iguales los tañedores de guitarra y este es el instrumento que el pueblo [68] tiene en ambas partes para expresar penas y alegrías.
Cantar los amores en el mismo idioma equivale a crear una afinidad de sentimientos de la que nacen simpatías favorables a una gran fuerza de atracción.
Y es el caso que sobre esto del idioma no sabe todavía España lo mucho que tiene que agradecer a América, que a pesar de su cosmopolitismo agudo, a pesar de la emigración española que allí llega destrozando el español con vicios lingüísticos propios de varias comarcas, a pesar de que el libro intelectual que más circula allí es el francés, conserva el idioma con giros y frases de una pureza verdaderamente clásica, aparte de los americanismos naturales y de los barbarismos y solecismos de que tampoco los españoles están libres.
Dice Altamira que el trabajo de crear defensas y leyes contra infundadas novedades que destruyan el español, lo han hecho mejor y en más grande escala que los mismos españoles, lingüistas americanos, desde Bello y García del Río a Cuervo, una de las primeras autoridades, si no la primera hoy día en materia de español.
Así que, aunque España llegase a aislarse del mundo, suspendiendo su intercambio intelectual con todo país civilizado y se entregase a dormir por dos siglos, al despertar no hallaría momificado ni seco su idioma; América habría cuidado, mantenido y enriquecido la flora de su significación psíquica.
El idioma español es en América lábaro espiritual de bellas guirnaldas. A la música de la lengua española, rica y viril, se fusionan muchas almas, pero como las grandes civilizaciones llegan también a América en otros vehículos, el lábaro espiritual [69] cervantino debe de ir siempre acompañado de todo el brillo de la civilización moderna, empresa en la que España, por fortuna, está empeñada hace algún tiempo.
Esos pocos escritores a que aludí no debieran de olvidar que amando las tradiciones, estudiando a conciencia la historia y el idioma y no renegando sistemáticamente del origen, es como se crea una autonomía espiritual. La económica es más difícil de crear, sobre todo cuando un coloso apoya su pie calzado con bota de oro, sobre el cuello de la aspirante a independiente.
Profesores y pensadores italianos y franceses visitan actualmente la América española, para competir con los españoles que allí llegan a dar conferencias desde hace veinte años; pero cuando los americanos las oyen en un idioma que no es el suyo no pueden apreciar bien el grado de compenetración que hay entre el pensamiento y la lengua en que éste se desenvuelve.
Este tema del idioma nos lleva de paso a pensar en algo que carece de cierta expresión. En España son extranjeros los franceses, los yankis, los ingleses, los rumanos, &c., pero los nacidos en las Repúblicas de origen español no lo son. Ellos así lo sienten y lo declaran cuando visitan a España. Los españoles piensan de igual manera; ¿qué son entonces? ¿Cómo llamarles? Ese nombre está por crear y debe crearlo la Real Academia de la Lengua, ya por iniciativa propia, ya aceptando el que resulte mejor de los que la propongan, por ejemplo, en una encuesta. ¿Por qué no denominarlos «Fraternos»? [70]
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De todo lo que se deja expuesto puede deducirse, sin titubeos, que la raza que descubrió, pobló y civilizó la mayor parte de América fue española netamente, con latidos latinos muy lejanos. Que el iberoamericanismo está mal aplicado y todavía mal definido, debiéndose tan sólo a don Alonso Quijano, que en este caso cambió la intrépida lanza por el arco de un violón. Que una cosa simpática y posible es el iberismo y otra imposible y absurda el iberoamericanismo. Que España no perdió su predominio espiritual en América y lo mantendrá indefinidamente si continúa llevando su civilización hacia el rango primero. Y que en consecuencia y por razones históricas, etnográficas, lingüísticas, sociológicas, de sentimiento y de pensamiento, debe decirse: «Hispanoamericanismo», «América española» y «Países hispanoamericanos».
Otra cosa será apartarse de la verdad y de la justicia y coadyuvar al forzado imperio espiritual en América de países que no tienen derecho a ejercitarlo.
Fuera de América y de España y sus posesiones están las Islas Filipinas que conservan gran amor a la que fue su nación genitriz, y como aquellas importantísimas Islas acabarán por obtener su independencia, pues todo el poder de Norte-América no basta para que su psicología encaje y arraigue entre los filipinos, allí se hablará siempre español, debido a lo cual, seguirá habiendo en el mundo otro mundo donde aun no se pone ni se pondrá el sol: el mundo de habla española.
viernes, 12 de marzo de 2010
El sistema representativo tradicional.
Complemento natural de la libertad regional es aquella magnífica y asombrosa institución que surge de las entrañas e nuestra propia Historia, aquella hermosa y fecunda doctrina representativa, simbolizada en nuestras antiguas y veneradas Cortes. Y al hablar de las antiguas Cortes no me refiero sólo a las de Castilla, que fueron, por cierto, y por causas que no voy a examinar ahora, quizá más embrionarias y menos desarrolladas que las de los demás reinos de España.
Ya sé yo que no llegaron a completo término aquello principios representativos que tan profundo arraigo tenían en la sociedad medieval, que apenas existió un señorío de ciertas proporciones sin sus juntas o pequeñas Cortes, y que no habían podido llegar a su plenitud y lozanía, entre otras causas, por el golpe de retroceso producido por la protesta luterana en la civilización europea, y que originó la Monarquía absoluta del siglo XVI, la cuál fué obstáculo para que alcanzaran el término de su evolución los gérmenes de verdadero régimen representativo que había en el seno de las monarquías cristianas; pero, tomando en conjunto aquel sistema, y sin referirme al del Castilla, ni al de Valencia, ni al de Aragón, ni al de Navarra y Cataluña, que no difieren en lo sustancial entre sí, ni los Estados generales de Francia, ni de los Parlamentos de Inglaterra, ni de las Dietas de Hungría, Polonia y Alemania, porque habían sido la realización varia de un mismo principio inmortal que informaba a las sociedades cristianas en el Edad Media,puedo sintetizarlo en estas cuatro bases fundamentales en que las Cortes se apoyan, y que son: primera, representación por las clases; segunda, incompatibilidad entre el cargo de diputado y toda merced, honor y empleo, exceptuando los que son obtenidos por rigurosa oposición; tercera, el mandato imperativo como vínculo entre el elector y el elegido, y cuarta, aquellas dos atribuciones de las Cortes que consistían en no poder establecerse ningún impuesto nuevo, ni ser variada o modificada ninguna ley fundamental, sin el consentimiento expreso de las Cortes.
Queremos nosotros el régimen corporativo y el de clases porque entendemos que. correspondiendo a la misma triple división de la vida y de las facultades humanas, hay en la sociedad, cualquiera que ella sea, una clase que representa principalmente el interés intelectual, como son las corporaciones científicas, las Universidades y las Academias; una clase que representa, antes que todo y principalmente, un interés religioso y moral, como es el clero, y otras que, como el comercio, la agricultura y la industria representan el interés material; y, en una sociedad no improvisada, y con la vida secular como la nuestra, hay la superioridad del mérito reconocido en todos los pueblos, y la formada por prestigios y glorias de nombre históricos constituyendo la aristocracia social y la de sangre, y, con el interés de la defensa y del orden representado por el Ejército y por la Marina, está completado el cuadro de todas las clases sociales que tienen derecho a la representación. Por eso no queremos que sean las Cortes formadas por aquel cuerpo electoral, del cual decía ya Donoso Cortés que era un agregado arbitrario y confuso, que se formaba a una señal convenida y se desvanecía a otra señal, quedando sus miembros dispersos hasta que sonaba de nuevo la voz que les ordenaba juntarse. No queremos que sea ese arbitrario agregado, en el cuál el médico, el industrial, el sacerdote, el agricultor, el abogado, el militar, todos juntos y confundidos van a hacer surgir aquella representación legítima de intereses tan varios, tan complejos, y a veces tan opuestos; nosotros queremos que las Universidades, las Academias y las Corporaciones científicas, tengan sus propios representantes, que tenga los suyos el Clero, que los tenga la industria, el comercio y la agricultura, y sus especiales mandatarios, la aristocracia y el Ejército.
Queremos también que, como vínculo entre el elector y el elegido, exista el mandato imperativo. Ya se yo que contra el mandato imperativo han esgrimido sus armas las escuelas doctrinarias; ya sé que contra él dicen que resuelve antes de discutir, y que con eso, en cierto modo, se mata el régimen parlamentario. Si no tuviera mas inconveniente que ese, para mi esa era la mejor de sus defensas; pero no es verdad que resuelva antes de discutir, porque puede suceder, y sucede de hecho, que dentro de una clase pueden los electores haber deliberado y discutido ampliamente, y después el procurador mismo puede discutir en las Cortes con aquellos otros procuradores que no hayan recibido expreso mandato imperativo, y el mismo puede no recibirlo para todos los asuntos. No es cierto tampoco aquel axioma político de las escuelas liberales, según el cual el diputado no es representante de una clase, ni de un distrito, sino de la nación entera, esta es una aberración, de la cual, ya en el año 1848, y comentando la Constitución revolucionaria francesa de entonces, se reía Proudhon, el cual decía que, si los diputados representaban a sus diferentes distritos, estaba representada la Nación, y que de ninguna manera podía representar un diputado a todos los distritos de la Nación, ya que en la mayor parte de ellos eran desconocidos los diputados por los distritos, y los distritos por los diputados.
Tiene el mandato imperativo innegables ventajas, y una de ellas es que por medio de él se pueden conocer directamente el Estado de la opinión pública, de ese concepto que tantos servicios os ha prestado, que es una frase hecha que, bien analizada, no puede ser sustentada por los liberales, ya que el sujeto de la opinión requiere dos cosas: el conocimiento de las cuestiones morales y jurídicas, que no puede tener una multitud, y al mismo tiempo una unidad de norma y de criterio, que con la libertad de todas las opiniones se destruye.
El estado de la opinión puede ser conocido por el mandato imperativo, ya que, por el número de mandato o poderes que en las Cortes aparezcan, se puede saber perfectamente cuando están divididos en el país los pareceres y cuando hay cierta uniformidad o cierto parecer común, ya en cada clase, ya en todas juntas.
Ofrece también otra ventaja inmensa que no puede existir con los sistemas parlamentarios modernos. ¿Sabéis cuál es esa ventaja que reporta? La de no poder violar la verdadera voluntad del país: es decir, que los que sean elegidos no prometerán una cosa durante el periodo electoral, y después ejecutarán lo contrario cuando tengan la investidura de diputado.
Sucederá otra cosa y de suma importancia: que no podrán existir en las Cortes mayorías oficiales, mayorías que voten según la voluntad del Gabinete, sino mayorías populares que voten según la voluntad de sus representados.
Con la incompatibilidad del cargo de diputado con todo honor, merced o empleo que no fuese obtenido en rigurosa oposición, se lograría evitar una de las principales fuentes que pueden existir de corrupción parlamentaria. No podría un diputado ni siquiera ser representante a un tiempo de un distrito y de poderosas sociedades industriales que reciban subvenciones del presupuesto. No podría, por lo mismo, echarse sobre sí la nota que pudiera ser denigrante, y que ahora además puede ser cierta, de que no votaba libremente, sino por complacencias, por halagos o por mercedes recibidas o prometidas. Por eso es de completa necesidad establecer esa incompatibilidad, para evitar las corruptelas, podredumbres y prevaricaciones parlamentarias.
Consideramos también que las Cortes tienen dos oficios, porque tienen que cumplir una doble misión; ayudar a gobernar, sin se cámaras cosoberanas que usurpan las atribuciones del Monarca -el cual debe reinar y gobernar, sin estar sujeto a la humillante tutela de un Gabinete que concentra en sí todos los poderes, y responder con responsabilidad social-, y limitar y contener la autoridad soberana, para que no se salga de su órbita propia.
Consecuencia de esas funciones son la exposición de las necesidades de los pueblos, y la petición de sus remedios, ya por disposiciones particulares o por leyes, y el que no sea impuesta ninguna contribución ni cambiada ninguna ley fundamental sin previo consentimiento; prerrogativas de que se ha hablado antes, y que, con otras menos importantes y la del juramento mutuo al comenzar el reinado, de una u otra manera han existido siempre en las antiguas Cortes españolas cuando llegaron a tener algún desarrollo.
De aquí se deduce que dentro de nuestra monarquía es absolutamente imposible toda tiranía. No pueden ser violentadas las conciencias cristianas; pues aquella relación que tiene el Estado con la Iglesia no la fija arbitrariamente por su voluntad el Estado, sociedad inferior, sino la Iglesia, que por su fin es la institución suprema. No puede ser dilapidada nuestra hacienda, porque sin el consentimiento de los súbditos o de los mandatarios no se pueden establecer impuestos nuevos; y, finalmente, no puede ser hollada nuestra libertad porque, para ser alteradas las leyes capitales que la definen y amparan, necesita el concurso y el beneplácito de los mismos gobernados o de sus procuradores. Resulta, pues, que, con nuestro sistema no pueden sufrir menoscabo ni nuestra fé, ni nuestra libertad, ni nuestra Hacienda. Es decir, que en éste régimen, la libertad está en todas partes y la tiranía en ninguna. Viene a ser esto, bien entendido, una Monarquía fuerte y robusta por su poder no parlamentario; representativa, por sus auxilios y limitaciones, y federativa, por las regiones que asocia y enlaza; siendo este calificativo, juntamente con el apellido primogénito de católica, y no el mote de absolutista, el que mejor se cuadra, si se aplican las palabras en su legítimo sentido.
Juan Vázquez de Mella
La verdadera monarquía.
LA REALEZA
Francisco Elias de Tejada
Y la realeza no es algo huero, como en los liberalismos doctrinarios, ni algo omnipotente, como en las construcciones totalitarias o absolutistas. El monarca reina y gobierna, pero dentro de límites impuestos por las leyes fundamentales o de la tierra. No le es asequible alterar porque sí la máquina legal de sus pueblos,sin consentimiento de los pueblos mismos. Impera, sí, porque es rey; pero impera dentro de leyes bien precisas.
Y en este terreno es la monarquía tradicional la única forma de gobierno en que el poder del gobernante se halla de veras limitado, porque los mojones que deslindan sus facultades no consisten en letras frías o en doctrinas muertas, sino en la fecunda realidad social, anterior y distinta del Estado. Donde totalitarismos y absolutismos ven un instrumento más de su poderío y donde los liberales ven el vacío de lo inexistente, en las sociedades intermedias y autárquicas, encuentra la monarquía tradicional el freno efectivo que los demás sistemas políticos ignoran. Por eso la monarquía tradicional es la única forma de gobierno donde los hombres pueden sentirse verdaderamente libres.
Mas, puesto que la realeza se halla ornada de funciones activas, las condiciones del monarca vienen a ser cosa esencial. de ahí la necesidad de exigir dos legitimidades: la de origen y la de ejercicio, la legitimidad de títulos en la asunción del poder supremo y la legitimidad en aplicarlo al servicio de los ideales de la Tradición de las Españas. Ambas son esenciales, pero en caso de dudas ha de preferirse la legitimidad en el ejercicio a la legitimidad en los títulos de origen, pues de otro modo admitiríamos que un prurito legalista primaba sobre el contenido de la tradición hispána, conclusión absurda a todas luces. La jura de los Fueros era condición necesaria para la coronación de los reyes, indicándose con ello que la legitimidad de ejercicio es más importante que la de origen y que, faltando aquélla, ésta carece de fundamentos.
viernes, 26 de febrero de 2010
Alma errante.
EL tiempo sigue pasando, continua su movimiento, para bien o para mal en una direción que no puedo cambiar. Hoy, como no tenía mucho que hacer en el colegio, me he dedicado a escuchar las conversaciones de mis compañeras clase (siempre estoy rodeado de mujeres, pero desde hace tiempo sólo a una amo, lo mío es un amor cortés, de todas formas). El servidor, no da conversación sino es necesaria, y procura no hablas más de lo necesario, aunque, la verdad sea dicha no siempre lo consigo. A lo que íbamos: escuchándolas, el alma se me ha helado. Uno creía que las mujeres solían ser limpias, decorosas, imágenes de la Virgen en la tierra (sí, soy un machista).
La cosa es que las conversaciones en muchos casos no cambiaban de tema, sólo de sujeto en las frases.
-Que bueno está X-
-Mejor Y, que es más espigado...
Y esas eran las conversaciones más inocentes...en clase de Derecho (sí, en Canada estudiamos derecho en bachiller) había dos que hablaban de cuándo y cómo pillaron cierta enfermedad sexual. Una de ellas bien joven, al parecer.
Los compañeros de clase no es que cambien mucho de conversaciones tampoco, y más hoy, que es viernes (aunque pecador para ellos).
Lo poco que mis compañeros dan de sí es increíble. En España, la cosa no parace estar mucho mejor y nos encaminamos directos a lo mismo: Una sociedad descabeza, embriagada de placer rápido, y poca responsabilidad. Los ingenieros sociales, trabajando para quién sé yo, han conseguido crear una masa acéfala, que mientras tenga comida, sexo y trabajo para pagar las otras dos necesidades básicas, no se va a rebelar.
Como ya he dicho, el tiempo hoy me ha sobrado, así que cuando las conversaciones se tornaban demasiado explícitas o rancias, pasaba a imaginarme lo que de verdad quiero:
A esa morena que conocí el año pasado, que jamás hizo comentario despectivo sobre persona alguna, nunca se jactó de tener mejor cuerpo que muchas mujeres, nunca juzgó a nadie hasta haberlo conocido y aún así, siempre veía los aspectos positivos. Como buena mujer, ni era liberal, ni libertina. No la gustaban las discotecas ni el alcohol, siempre risueña, con ese acento portugués tanto en tu español como inglés, mis piernas se hacían agua. Antes de conocerte era un fantasma, tras conocerte me convertí en un hombre, con todo la responsabilidad que esa palabra implica. Nunca ha habido mujer capaz de hacerme amarla, y nunca más lo habrá. Encendiste los fuegos de mi corazón celtíbero y contigo se fueron para siempre. Fuiste la única persona capaz de sacarme de mi carpetonibidad, de romper la roca que tengo por alma, sólo tú derretiste mi acerada mirada. Mi cara al verte se hablandaba y dejaba de estar tallada en granito del Escorial.¿Por qué será que aún te amo? por tí, mi vida daría. Conquistaría nuestra galaxia y renombraría en tu honor, para que las generaciones venideras sepan quién fuiste, la mejor mujer que andó (andas) sobre este maldito planeta.
Por Dios, la Patria y el Rey murieron mis ancestros,
Por Dios, la Patria, el Rey y por tí, Mariana, moriré yo también.
lunes, 22 de febrero de 2010
El mito de la Revolución (franc)cesa.
(¡qué tuvo de francés, el golpe de estado contra Luis XVI en 1789!)
Alejandro R. Piacentini - Consejos útiles 452 - 28.12.07
Los financistas de la "Revolución"
El "espontáneo estallido" de la llamada Revolución Francesa, fue un mito, el cual trata de ser atornillado en la conciencia colectiva como que fue una "gloriosa" toma de la Bastilla, por el pueblo de París, lo cual es falso. Este mito es increíblemente mantenido cuidadosamente, desde hace mas de 200 años, por historiadores oficiales, políticos e incluso repetidas por maestros y profesores y surge de un propósito deliberado de envenenar las conciencias de las actuales y futuras generaciones.
Muchas veces tuve oportunidad de estar en París y en la campiña e incluso hablar y discutir con profesores de historia y desconocían, incluso negaban, sin fundamento ni información, las conclusiones y hechos que ya son evidencias y no meras especulaciones.
Muchas veces, varios de ellos me discriminaban porque decían que el suscripto no era francés, y que no les iba a enseñar a ellos, su propia historia. Yo solo les pedía que reflexionaran sobre quienes se habían beneficiado con la supuesta revolución y quienes ó quien era dueño hoy de más del 50% de las empresas francesas, quienes controlan los sindicatos y las universidades y que influencia ejercen sus dueños en el planeta, por medio de la prensa monopólica y la alta finanza no ya francesa, sino de alcance internacional. .
Es obvio que al subir al trono en 1774 Luis XVI se encontró con un Tesoro exhausto y una renta muy hipotecada. Ya en 1769 tras el alejamiento de Choiseul, Luis XVI nombró contralor general al abate Terray, quien prudentemente comenzó haciendo una auditoría encontrando 100 millones de deuda exigible atrasada (¿algún parecido con la situación de nuestra deuda externa ?) El abate no encuentra ni un solo escudo en la caja, un presupuesto de gastos por 220 millones y una recaudación prevista de 157 millones, o sea un déficit de 63 millones y con la amenaza de una guerra hispano-inglesa. Los impuestos ya eran elevados.
A pesar de los esfuerzos de LUIS XVI por ahorrar (si ahorrar y no despilfarrar como lo quieren hacer ver) a pesar de las tentativas del "liberalismo" de Turgot, el déficit no cesó de crecer, sobre todo después de la guerra de la independencia de EE.UU y de las nefastas y traidoras medidas del ministro Necker.
La nobleza dueña de tierras, gozaba del respeto y estima de la población rural, a su vez muchos tenedores de tierras pero no-nobles, arruinados por el escaso rendimiento de sus tierras, caían en manos de usureros, burgueses industriales conocidos como nuevos ricos y sus aliados los financistas, apoderándose éstos de títulos y privilegios.
El Rey quería poner freno a estos abusos, incluso de otras clases como la nobleza de toga que cada día reclamaban más y más privilegios. La nobleza de toga veía en una futura revolución la oportunidad para imponer sus propias ideas y privilegios y no cesaba de transmitirlos a los parlamentarios, lo mismo que la nobleza de espada.
Vemos que la ceguera existe entre las propias clases privilegiadas que, actúan como LA FRONDA si fuese necesario, para obtener lo que no podían con presión al Rey. Incluso vemos que ellos mismos serán víctimas de la misma Revolución, que propiciaron.
El Rey quería una distribución de impuestos más justa, haciendo que todas las clases sociales pagaran, y la nobleza y el clero influyeron en el parlamento de París, para oponerse al edicto ó decreto del Rey del VIGÉSIMO; se invocaba la miseria para no gravar a estas personas, cuando estaban en "plena prosperidad".
El personaje del obeso industrial que maneja millones y da órdenes a centenares de obreros existe ya mucho antes de la revolución, y es esa burguesía (advenedizos que nadie sabe de donde sacaron el dinero para tener plantas industriales) temerosa de perder sus privilegios y no-pago de impuestos, los que impulsarán la revolución, que incluso, llegado el momento también se los comerá a ellos. Solo los industriales de origen ateo, hereje y francmasón, no sucumbirán a la revolución.
La burguesía financiera, 100% de ella atea (sus riquezas provenían del contrabando, que es a lo que se dedicaban antes de ser financistas) controla todo el poder. Los contrabandistas más conocidos de Francia e Inglaterra, eran los Rothschild, luego devenidos en financistas ilustres y poderosos.
En 1784 apenas 5 años antes de la revolución, después de la bancarrota parcial del estado francés por causa de la Guerra de Sucesión en España (84 años antes), la Cámara de Justicia castigó severamente a los financistas y le dio a la opinión pública una satisfacción moral (como debería darse a los ahorristas de Nito Artaza, por ej). El pueblo pudo lapidarlos públicamente y se ordenó la restitución al estado de 262 millones. A partir de este hecho la francmasonería, entra en mortal desacuerdo con la monarquía y condena a la desaparición al régimen de Luis XVI.
Necker ,una historia nefasta para la Francia libre
La llegada de Necker al poder en 1776 daría el triunfo a los financistas de todas formas. Este ginebrino ingresa al banco de Jacques Vernet a los 16 años, dos años más tarde ya se distingue por su tenacidad, se convierte en Calvinista y Francmasón, mientras dura la guerra entre Francia e Inglaterra compra y vende papeles ingleses, que le dejan 1.800.000 libras de beneficio, en detrimento de su propio país. Esto le da reputación de hombre ilustrado y respetable.
El Rey le ofrece el cargo de ministro, pero Necker que es protestante (ateo en realidad) es nombrado Director General de Finanzas, cargo que le bastaría para destruir a Francia y llevarla a la Revolución, rechaza honores, títulos y retribuciones, el pueblo Francés queda deslumbrado (nada sale más caro que un empleado, que no quiere que le pagues)
Necker actuó como banquero, (no como hombre político) enriqueciendo a sus amigos y concedió créditos para todo tipo de temas, gastos, pensiones, caprichos, equipamiento de FFAA, emitió rentas por sorteo, rentas vitalicias sin depósitos previos, billetes de premio sobre propiedades rurales, rentas sobre París, préstamos sobre los estados de Languedoc, en Bretagna, en Provenza, en Artois, y un gran empréstito por premios de 25 millones de francos, sin respaldo.
Pierre Gaxotte dice que Necker tuvo cuidado, en proponer inversiones a los acreedores de Francia, muy ventajosas, pero ruinosas para el estado; estamos hablando de 1781 aproximadamente.
¿Algún parecido con el endeudamiento con la Banca Baring de 1864, cuyas conversaciones comenzaron con la caída del virreinato en Buenos Aires entre 1818 y 1824 ?
Pero el astuto hereje, sigue con sus maniobras conducido intelectualmente por la secta a la cual pertenece y sus jefes, entre ellos el Sr.Rothschild.
Alquila el correo a privados, aprovecha sus depósitos, suprime a los recaudadores de dominio, a los intendentes de finanzas y suscribió el empréstito con el apoyo de todos los banqueros, a quienes con semejante administración, se les facilitaba los manejos y debilitaba los controles.
Donde Necker sobrepasa toda audacia es cuando presenta su INFORME AL REY, el 17.2.1781. En forma parcial y tendenciosa omite la verdadera situación financiera del reino. Este informe es una apelación al pueblo cuyos efectos perniciosos sobre esta monarquía aun no pueden preverse.... Palabras sabias que describen ya la intromisión de las FINANZAS en la Política.
Necker de todas formas es alabado por sus clientes y exige al Rey su entrada al Consejo, sino renunciará, cosa que el Rey acepta y deja pasmado a Necker.
Inmediatamente se desata una campaña instigada por periodistas, escritores, panfletistas que frecuentaban el círculo de Madame de Stael. Los reemplazantes de Necker, a su vez, son atacados violentamente por el klan neckerista y rothschildiano.
La especulación de acciones de la Compañía de las Indias gracias a las 6.900.000 libras proporcionadas por el Tesoro a los agiotistas, dio lugar a que Mirabeau favorable a Necker pero decepcionado por "haberlo dejado en todo tipo de aprietos" publicara su DENUNCIA DE AGIO DE PARÍS, al REY y a la Asamblea de Notables publicada en 1787. (2 años antes de la caída).
¿Cómo se pueden efectuar operaciones tan grandes y escandalosas y sus responsables salir ilesos? ¿Quién es la mano negra que los protege? (¿alguna semejanza con el corralito y la devaluación de 2001-2002?) El pueblo francés, había sido herido profundamente en sus intereses, ¿cómo explicaba esto el Rey ?
Necker de todas maneras recibe un duro golpe cuando Calonne (sucesor de Necker) desde Londres en Abril de 1787, refuta el "Informe al Rey" de Necker, publicando su RESPUESTA AL DOCUMENTO DEL SR NECKER.
Calonne objeta a Necker haber incluido "beneficios eventuales" que nunca habían entrado, un informe de situación no es un informe de esperanzas. Necker pretendía mostrar al Rey como rebosante de dinero cuando en realidad no lo era. No se puede calcular lo que se posee, sin antes haber deducido lo que se debe.
La opinión pública, confundida por el periodismo obsecuente y los panfletistas a sueldo de Madame de Stael, lograban que la gente común, reclamara la vuelta de Necker a las Finanzas, para que el país se calmara financieramente, porque corrían todo tipo de versiones. (¿Algún parecido con la vuelta de Cavallo al gobierno de DE LA RÚA?) ¿No es cierto que las similitudes de – modus operandi - espantan?
Necker a pesar de todo vuelve a manejar las finanzas del reino, el Rey no tiene otra salida para apaciguar a la gente, que está harta que le metan la mano en el bolsillo.
Corre 1788 y Necker ya calcula que la deuda absorberá unos 318 millones, o sea el 50% del presupuesto. ¿Y quienes serán los prestamistas que lo sacarán del aprieto ? por supuesto que los beneficiados con la estafa de LA CIA DE INDIAS, ¿quienes más ? y más deuda, traerá más deuda.
Para 1789 Necker ha previsto que la deuda sea el 62% de los ingresos del reino, ¡una bomba de tiempo! El costo de vida sigue subiendo, los burgueses comienzan a despedir gente de las industrias, que están situadas mayormente en la campiña y comienzan a expulsar a los desempleados hacia París, que es el último bastión, donde se puede conseguir un trabajo.
Es ese el momento, en que el Duque de Orleans comienza a planear la caída de su primo LUIS XIV, agitando a las masas por medio de panfletistas pagados por él, ó por el CLUB DE LOS 30 ó el CLUB DE VALOIS, de las sociedades de pensamiento y de la francmasonería.
La bolsa tiende a la baja, agitadores desempleados en las calles, panfletistas comienzan a perturbar el orden.
Pero ya no se trata de el pueblo contra el Rey, sino del Tercer Estado (algo así como la cámara de diputados) contra el Rey, que ante la catástrofe financiera comienzan los egoísmos y a salvarse quien pueda. Se teme la bancarrota. El Tercer Estado es donde las finanzas tienen más adeptos y tienen en la mano, casi todos los triunfos.
De sus 575 miembros, 272 son abogados que a partir del 6/5/1789 asumirán el titulo de Diputados de las Comunas.
Cuentan como mínimo con 270 VOTOS a favor, que velan por los intereses de la nobleza y cuentan con el 20% de los votos de los curas enciclopedistas, sobre los 291 representantes del clero.
El General Bonaparte opina que nadie hizo más por derrocar al Rey que Necker y sus amigos financistas; lo mismo dice Jacques Bainville.
Luis XVI toma precauciones, reúne 25,000 soldados en Versailles es el 20/6/1789, el 9/7/1789 la asamblea común ó del Tercer Estado, pretende autoproclamarse ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE y el Rey la disuelve.
El 11/7/1789 el Rey vuelve a destituir a Necker, la bolsa decide cerrar el lunes y nadie sabe como el Rey hará frente a los pagos que vencen el 12.7.1789, del empréstito que armó Necker.
Sigue la agitación, los billetes de la Caja de Descuentos, se deprecian y pasan de 4.265 a 4.165 (¿alguna coincidencia con la cada de De la Rúa?)
Los banqueros mandan a sus empleados a que entreguen dinero y armas a los acreedores, la mayoría, gente de clase media y alta (nadie puede pensar que los pobres inviertan en la bolsa) Las armas se encuentran depositadas en LES INVALIDES, las ha financiado Necker con dinero de Rothschild y el Duque de Orleans.
Rivarol dice; los capitalistas querían que Necker armara una revolución, destituyera al Rey y les devolviese sus inversiones.
Lafayette y Boilly se dirigieron temprano el 13.7.1789 a la Casa de Orleans, cuentan con la ayuda financiera además de los Delessert, Prevoteau, Coindre, Boscary, sobornan a los soldados del Rey, crean batallones populares con gente de clase media.
En el Palais-Royale, el Sr Camille Desmoulins subido a una silla distribuye escarapelas color verde, como la librea de Necker, se clausuran los espectáculos, el día 13 continua la entrega de 28.000 fusiles, el 14 de Julio, el historiador Albertz Mathiez, cuenta que el BANQUERO Etienne Delessert (fundador de la 1ra Cía de Seguros contra incendios) manda un memo al Comité de Seguridad, avisando que sale con toda su familia a Les Invalides para munirse de armas. (no sabía que el pueblo descripto como pobre por los historiadores, sean tan ricos)
El 14 de julio, Coindre (invsersionista) describe que fue a la Bastilla con otros inversionistas y ahorristas a apoderarse de la espada del sargento mayor; en la Bastilla hay tan solo 8 presos (la prensa había hecho creer que había miles y que había opresión); esa misma noche la muerte de Flesselles y la toma de la Bastilla hacen temer que la revolución haya cambiado de dueño, sin embargo Bernard Fay dice que el poder no pasó de las manos del Rey a las bandas de Felipe D´Orleans (su primo) sino a la guardia nacional de LA FAYETTE respaldada por el dinero de la alta finanza. Luego cuando la revolución haya terminado, las finanzas también acabarán con D´Orleans.
El 17.1.1793 casi cuatro años después de su caída, la convención. por 361 votos sobre 720 votantes (por un voto) condenó a Capeto a muerte.
Arthur Conte relata que la severidad glacial de Dornier, el convencional más rico de todos, al votar en contra en la apelación de 380 contra 310 votos, no le sorprende.
El pueblo nunca hizo una revolución en Francia el 14.7.1789, sino que se trata de un crimen ateo, hereje y perpetrado por la peor de las castas, la ALTA FINANZA INTERNACIONAL.
Hasta el día de hoy, ese poder no ha dejado el trono, es más, lo ha extendido.
Hoy se llama Globalización.
Cordialmente
PS. Inmediatamente después de la revolución, los impuestos subieron el 50% y el costo de vida trepó a niveles sorprendentes. El pueblo estaba mejor con la monarquía.
sábado, 20 de febrero de 2010
Credo para los Requetés.
Reconociendo que me hice voluntario para luchar en los tercios, conociendo los avatares que esa nueva vida acarrearían. Siempre lucharé por aumentar el prestigio, honor, y alto espíritu de cuerpo y honor de mi tercio.
Conociendo el hecho de que un requeté es más que un soldado de élite que llega a la batalla en su punto álgido, ya sea por aire, tierra o mar. Acepto el hecho de que como requeté mi país, Las Españas, espera que me mueva más lejos, que muche más duramente que cualquier otro soldado. Jamás fallaré a mis camaradas. Siempre estaré mentalmente alerta, apto físicamente y moralmente recto y siempre me ofreceré voluntario para cualquier misión, la que sea. Siempre daré el cien por cien y un poco más para que la misión tenga éxito.
Gallardamente mostraré al mundo que soy un bien entrenado y escogido entre muchos. Mostraré cortesía a mis superiores. La limpieza de mi uniforme y el cuidado de mi arma serán ejemplo para los que me sigan.
Enérgicamente confrontaré a los enemigos de mi patria. Los derrotaré en el campo de batalla, porque estoy mejor mejor entranado y lucharé con toda mi alma. Rendición no es una palabra que exista en mi vocabulario. Jamás dejaré que un camarada muerto caíga en manos del enemigo. Y bajo ninguna circunstancia avergonzaré a mi país.
Pondré todo lo necesario para luchar en el requeté, y cumplir la misión encomendada, incluso si eso significa ser el único superviviente.
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